Uno mío, y algunas bellezas.
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La Pipa
– mi aporte personal durante una fumada
Maniobras indulgentes
que danzan con el fuego.
Comienza el ritual.
Perfume que abraza
Negra Natura
que conquista
la boca
sus palabras
y su significado
todo consume el rito,
y siembra realidad
en la madera
confundiéndose
en ojos impregnados
que observan cada minúsculo movimiento.
El noble humo
se adueña,
conquista insaciable el espacio
como un vacío de esencia.
Bocanada.
El recorrido es perfecto,
el artilugio se despierta
en el fondo del paladar
en el centro de la voz callada
y llega a encender el alma:
no existen las caricias perdidas
con su compañía.
Cronos duerme
hasta que solo queda ceniza
(un aplauso al viento)
que recuerda al fumador
su único gran destino
su único humilde origen.
Esta pausa terrible
se debe
al intercambio inconfundible
de corazones:
la carne por el fuego
lágrimas por hojas de Oriente,
y un pedazo de vida
por un instante fuera del Tiempo.
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Un clásico de clásicos.
La Pipe – Baudelaire
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Je suis la pipe d’un auteur ;
On voit, à contempler ma mine
D’Abyssinienne ou de Cafrine,
Que mon maître est un grand fumeur.
Quand il est comblé de douleur,
Je fume comme la chaumine
Où se prépare la cuisine
Pour le retour du laboureur.
J’enlace et je berce son âme
Dans le réseau mobile et bleu
Qui monte de ma bouche en feu,
Et je roule un puissant dictame
Qui charme son coeur et guérit
De ses fatigues son esprit.
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Por la Ausente – Evaristo Carriego
Fuma de nuevo el viejo su trabajosa
pipa y la madre escucha con indulgencia
el sabido proceso de la dolencia
que aflige a una pariente poco animosa.
El muchacho concluye la fastidiosa
composición, que sobre la negligencia
en la escuela le dieron de penitencia,
por haber olvidado no sé qué cosa…
Y en el hondo silencio que de repente
como una obsesión mala llena el ambiente,
muy quedo la hermanita va a comenzar
la oración, noche a noche tartamudeada,
por aquella perdida, desamorada,
que hace ya cinco meses dejó el hogar.
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Una Sorpresa – Evaristo Carriego
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Hoy recibí tu carta. La he leído
con asombro, pues dices que regresas,
y aún de la sorpresa no he salido…
¡Hace tanto que vivo sin sorpresas!
«Que por fin vas a verme …. Que tan larga
fué la separación … Te lo aconsejo,
no vengas, sufrirías una amarga
desilusión: me encontrarías viejo.
Y como un viejo, ahora, me he llamado
a quietud, y a excepción ¡siempre el pasado!
de uno que otro recuerdo que en la frente
me pone alguna arruga de tristeza
no me puedo quejar: tranquilamente
fumo mi pipa y bebo mi cerveza.
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