Dos poemas autobiográficos – de mi libreta de mano

I

.

El contenido ofuscado de mi universo

apremia la valentía del vuelo fugaz

del aire que tiende a hacer campañas

de deseos y de colapsos

arritmias feroces

suspiros de huracán

temblores y tormentas

una deidad se contenta

con la sonrisa de una flor

(cual secreto dulce su olor)

parpadeo perpetuo de inclinación

aguijones que amenazan

con empujar al cielo a su huida

saltos alados al vacío del presente

diamantes sueltos

susurros asombrados

candor del camino de mármol

audacia en el ancla del destino

para señalar mi dolor de esta forma

sorpresa y recta final

.

El sueño de la razón produce monstruos – Francisco de Goya (1799).

.

II

.

Qué desconocimiento profundo

de esto que dice ser yo, de estas líneas y esta carne.

El papel conoce más de mí

que yo mismo, le ha sido revelado

el laberinto en el que me sumerjo

sin sol ni agua.

El papel me mira fijamente

mientras, torpe, busco entre símbolos, entre sueños,

en océano de recuerdos:

risas que aturden estos oídos que dicen ser yo

manos estrechándose

consuelo de sollozos

cartas irregulares a países lejanos

mates llenos de palabras

notas al aire y escalas mudas

eternidad de culpa

rosas apiladas en un escritorio

fuegos artificiales y hoja en un abismo

una súplica piadosa

y reniego hartante

olor putrefacto y sublime purificación

atmósferas desconocidas que atardecen

sorpresas y maíz.

(El papel me mira fijamente)

lágrimas color azul profundo.

(El papel me grita y se prepara para morderme).

Silencio y desembarques

en aeropuertos ocre,

sonrisas y tiempo entre inhalar y exhalar.

Se agita mi pecho

desde lo profundo de mi centro.

El papel me muerde mis pies y mis manos

no puedo correr

ni revelar

sus secretos míos

de la infinidad de su blancura.

No hay rosas ni cometas en este cielo

relámpagos de flores y de agujas

me acarician y se clavan en mis ojos y mi lengua

en llovizna de lamentos

mientras concluye mi historia

Sangro.

Suspiro.

Sangro mientras miro

la blancura enceguecedora

de sus mis secretos

de mis sus secretos

para siempre puros.

.

.

.

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